Seguía soñando con tus palabras, tus caricias y tus besos... los vivía como si fueran reales... Deseaba que lo fueran.
Confundía la realidad con la fantasía y me perdía en el camino buscándote, imaginándote, recordándote...
Nunca volviste, solamente aparecías de repente... creo... ¿Sería acaso que esas apariciones furtivas y fugaces eran reales?
En el fondo sabía que ya ni siquiera existías, pero me negaba a creerlo y me engañaba a mí misma con cuentos que inventaba para aminorar el dolor de tu ausencia.
Ahora no, no quiero que vuelvas, no quiero soñarte y no quiero pensarte más...
El hubiera, el hubiéramos... palabras malditas.
Miré la puerta.. nuestra puerta... aquella que por siempre traería a mi mente tu presencia.
La atravesé y vi que no había nada del otro lado... sólo el desierto... el vacío.
La toqué por última vez y entonces...
Entonces, la cerré para siempre.
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