miércoles, 8 de octubre de 2014

Cerrando círculos...



Se escuchó un toc, toc, en la puerta. Tras escuchar "adelante", entró. Se encontraron dos miradas de sorpresa.

- "Pasa, siéntate... ¿Cómo estás?"

- "Bien, muchas gracias. En realidad solamente venía a dejarte unas cosas que encontré y que son tuyas."

Abrió la bolsa. Dentro se encontraban un par de playeras, unos libros y unas cuantas revistas.

- "Vaya, ahora que lo recuerdo yo también tengo algo tuyo. Unos lentes, ¿recuerdas?"

Lo dudaba. No recordaba esas gafas de sol hasta que le dijo que eran de su color favorito y entonces le vinieron a la memoria. Ambos rieron recordando el momento en que los dichosos lentes se habían roto y empezaron a hablar sobre los viejos tiempos, e incluso, a mirar algunas fotografías. Los dos las conservaban como recuerdo de las risas, las lágrimas, los viajes y las anécdotas compartidas, y sin embargo, ambos pensaban que el otro se había deshecho de todo.

- "Algún día te dije que todo lo vivido nos llevaba al momento presente, a ser quienes somos ahora. Fueron excelentes experiencias así que no hay porque deshacerse de los recuerdos... Y ahora es un buen momento para cada uno de nosotros... es un buen momento para ti, ¿cierto?"

- "De hecho lo es... Es más, quiero contarte algo..."

- "No es necesario, ya lo sé. Te ves feliz y eso me da gusto. Hacía mucho tiempo que no te veía y hacía mucho más tiempo que no te veía así."

Hablaron de su presente, de sus problemas y de sus planes. Se aconsejaron como dos buenos amigos, como dos buenos confidentes. Hablaban sinceramente y con alegría acerca de los éxitos que cada uno había cosechado y de las experiencias que había acumulado.

- "Oye, mi familia y amigos te recuerdan con mucho cariño."

-  "Los míos también. Dime, ¿que ha sido de ellos? ¿cómo están?"

- "¡Jajajaja! ¿Ya ves? ¿Para que los eliminaste de tu vida? A ellos les caías muy bien. Yo no eliminé a los tuyos e incluso aún me llevo bien con algunos. Me da gusto que a la gente que quieres le vaya bien."

Entonces la conversación dio un giro en torno a las personas que tenían en común. Así, compartieron algunas noticias felices y otras no tanto. Parecía que había pasado mucho tiempo desde aquella última reunión, aquel último paseo y aquella última plática. Luego, el silencio... repentinamente roto:

- "¿Sabes? Fue una época muy difícil. Tenía mucho resentimiento pero un día me di cuenta que yo también había cometido errores y el resentimiento desapareció. Pensé mucho en ti mientras corría... Ahí te perdoné y me perdoné."

- "Bueno, confieso que alguna vez tuve ganas de buscarte. Sí, justamente fue a principios de año. Pensé que no me contestarías, dado que muchas veces no habías respondido a mis llamadas".


- "Lo hubieras hecho. En ese momento hubiera regresado. Yo no te busqué por orgullo. Mi orgullo siempre ha sido más fuerte y lo sabes. Ahora me arrepiento. Pero tenía que cerrar el círculo y me da gusto que estemos platicando ahora. Era necesario."

- "Supongo que las cosas tenían que ser de esta manera... a los locos nos pasan y hacemos cosas raras..."

- "Sin pensarlo te hubiera buscado... la locura es atrayente. Pero ahora las cosas han cambiado y sé que serás muy feliz. Eres una persona extraordinaria y créeme que aprendí mucho de ti".

- "Yo también aprendí. Siempre agradeceré el amor, comprensión y respeto que me tuviste. Pasamos excelentes momentos."

- "Así es. ¿Amigos?"

No hizo falta decir más. En un sólo abrazo se perdonaron los errores del pasado, se agradecieron los momentos compartidos y las enseñanzas aprendidas, y se desearon buena suerte y éxito para el futuro. Definitivamente, habían cerrado el círculo. Ya no quedaba dolor o resentimiento u odio... sólo quedaba alegría.

- "Quizá nos encontremos algún día... puedes ir a visitarme o podemos ir a correr..."

- "Algún día... quizá... "